El auge del tarot y la astrología

Hacemos una línea del tiempo sobre cómo ha evolucionado el interés por la nigromancia y sus distintas ramas.
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¿Alguna vez en la vida te has parado diez minutos a leer tu horóscopo? Aunque después no te lo creas (o no te lo quieras creer). Disfrutamos con la incertidumbre que nos genera la mente en la espera de qué pasaría si hoy Esperanza Gracia acertara tu porvenir. Leemos embobados ese menú del día que tanto nos gusta porque va a hablar de nosotros. Porque da igual lo que se escriba, ‘es que soy yo literal’.

Desde tiempos inmemorables en los que aún no teníamos ni planes de nacer, el tarot era un procedimiento muy popular. Primero se vistió de paisano entre la realeza y las clases más adineradas. Se consolidó como una práctica que daba respuestas a preguntas que la ciencia no podía contestar. Hasta tal punto que se volvió una alternativa con interés creciente en el mundo. Dio igual la raza, el sexo o la edad. Mediante la interpretación de símbolos, figuras o números, se podían explicar hechos del pasado o del presente, en relación con el futuro. La astrología por otra parte estudia la posición y el movimiento de los astros, por los cuales se podría interpretar el destino de las personas y pronosticar sucesos terrestres.

Muchos de los canales que ocupan tu televisión, emiten tarotistas en altas horas de la noche. Incluso canales con cierta fama y prestigio dan lugar a estas prácticas. El interés por parte de la audiencia es innegable. Y así hasta el día de hoy, que, con el auge de las tecnologías, el tarot y la astrología han dejado de estar relegados a las últimas páginas de los periódicos. Ahora no es que ocupen un papel importante en nuestras vidas, sino que están en todas partes. Gracias a la era de Internet, han llegado a tener más impacto, conectando de una manera más directa e inmediata.

Vía Time Out Mexico

Recuerdo que la primera vez que le seguí la pista más de una semana a mi horóscopo, fue en 2014. En Twitter se habían vuelto virales (y como no, de moda) las famosas cuentas de Horoscopo Negro (@horoscoponegro). Al cabo de un tiempo la cuenta echó raíces y se dividió en perfiles propios para cada signo (@virgo_hn). La Time Line se llenaba de tuits con sus 140 caracteres permitidos por entonces con mensajes como el siguiente:

Y así hasta que cada uno buscamos nuestro signo y empezamos a habituar una costumbre. Pero lo que creían que poco a poco desvanecería y caería por su propio peso, no era más que el despegue. Después llegaron las cuentas en Instagram con la que hubo más interacción con el público. Incluso con contenido más personal y especializado, como ese que te suben a las historias con un enlace directo a una página que te dice cómo eres según el día que has nacido.

Y a nosotros no nos ha tocado más remedio que aprendernos las características de cada signo. Ahora la respuesta a la pregunta del chiste ‘’Yo leo’’ tiene mucho más sentido. Cuidado con los capricornio, que son fríos. Los sagitarios muy positivos, los virgo una agenda andante. Los piscis unos dramas, y los géminis doble cara. Pero ha ido más allá, pues hay quienes han seguido dando pasos en su aprendizaje ancestral y ya directamente te preguntan que a qué hora has nacido. ¿Para qué? Para saber tu signo ascendente.

Vía El Confidencial

Una de las páginas que más aporta información sobre tu carta astral, natal, o relaciones con otros vínculos es Grupo Venus. Puedes encontrar una gran variedad de contenido de forma gratuita sobre compatibilidad, informe vocacional, y directamente tu pronóstico de hoy.

El auge es tal que el zodiaco no se ha querido quedar en libros ni en galerías. Ha dado el salto con su correspondiente merchandising a tazas, camisetas, colgantes… Y todo tipo de objetos que se te ocurran.

También se está acercando al mundo empresarial. Facebook organizó un evento en California donde parte de las mesas las ocupaban tarotistas. Se formaron largas colas con interés de ser adivinados. Y también al mundo del arte y la moda, donde Christian Dior inspiró una de sus campañas en un aura místico y tarotista.